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Miryam Moya, Directora Ejecutiva de Señalizaciones Aluana: "Es inadmisible que la movilidad y el tráfico sean objeto de negocio por parte de ningún gobierno"

Miryam Moya trabaja actualmente en la Dirección Ejecutiva de Señalizaciones Aluana e Infraestructuras, que compatibiliza con funciones de Perito judicial en Reconstrucción e Investigación de Accidentes de tráfico, habilitada por el Ministerio de Justicia de España. Es una referente nacional en seguridad vial, contando con un Máster en Seguridad Vial, Tráfico y Movimiento por la Universidad de Camilo José Cela y formación en Conservación y Explotación de carreteras.
Miryam, tu vida profesional está muy enfocada a algo tan dramático como la accidentalidad en carreteras. ¿Es posible dedicarse a ello desde un punto de vista científico abstrayéndose de los aspectos emocionales que conllevan?
Precisamente fue una experiencia personal bastante dramática,  la que hizo que me inclinara por esta profesión. Por ello busco que la realidad aflore, el siniestro ha ocurrido en un pasado, y tengo que trabajar para unir las piezas del puzzle y que todo encaje, en eso concentro mis fuerzas, ya que si me centrara en el dolor de las víctimas no podría realizarlo, reviviría mi propia historia una y otra vez. Cada caso tengo que enfocarlo cómo un problema matemático. Tienes que concentrarte en la evidencia física, los escenarios y la interpretación, para desarrollar soluciones válidas y dar respuestas a estos desafíos. La reconstrucción no es una especulación gratuita, cada hallazgo y conclusión de la reconstrucción deben ser apoyadas por la evidencia y el razonamiento sólido. Y eso es para mí un desafío constante el cual tengo que resolver.  

En este país, no se han hecho demasiado bien las cosas, y ahora, estamos pagando las consecuencias de los errores cometidos. Como consecuencia de ello, concretamente en el sector de la carretera, apenas se están destinando recursos para su conservación. ¿Hasta qué punto influye este aspecto en la seguridad vial y en la accidentalidad?
La seguridad vial debe basarse en que la prioridad absoluta es la vida y la seguridad de las personas, considerando inadmisible que la movilidad y el tráfico sean objeto de negocio por parte de ningún gobierno. Dichas organizaciones tienen la máxima responsabilidad de proteger a los usuarios de las carreteras, por lo que no pueden simplemente construir o conservarlas si éstas ponen en peligro a los consumidores de las mismas. El conductor es responsable de cumplir las normas pero el resto de los sectores implicados deben trabajar para que los daños sean los mínimos. Unas infraestructuras actualizadas y en buen estado de conservación, contribuirán a un acusado descenso en la siniestralidad pero eso no es suficiente. El sistema falla, eso es evidente, y lo muestran sus cifras. En lugar de dirigir el dinero hacia la prevención, como serían las mejoras en los vehículos, cambio de comportamientos en los usuarios impartiendo educación vial y en el diseño de las carreteras, el dinero se gasta en el tratamiento de los síntomas de la violencia vial. Necesitamos una Educación Vial que nos enseñe a pensar, en vez de a obedecer, sino el rechazo está garantizado. Los ciudadanos no pueden entender que los numerosos puntos negros que hay en nuestras carreteras sean “solucionados” con el aumento de radares. Las sanciones deben ser entendidas para que su efecto sea útil, y generar así conductas comprometidas y seguras al volante. No sirve de nada levantar el pie del acelerador cuando vemos a un agente de la guardia civil o bien una señal que nos informa de la presencia de un radar, si al pasarlos continuamos con una peligrosa actitud al volante. Las leyes y sanciones deben ser entendidas, no impuestas, si quieres crear conciencia. Por ponerte un ejemplo, cuando ocurre un siniestro dónde se ven implicados un coche y un ciclista resultando herido o fallecido éste último, hemos llegado al punto de asumir directamente la culpa del suceso al ciclista. Es por eso que cada vez que leemos una noticia sobre un ciclista que ha resultado herido o muerto, el artículo menciona casco, independientemente de que éste detalle sea o no sea relevante: "Las piernas del ciclista fueron aplastadas por la apisonadora desbocada. No se piensa en criminalidad. La víctima no llevaba puesto el casco". Lo que no resta importancia al uso del mismo en nuestras infraestructuras españolas, que quede claro. La industria automotriz, la industria de seguros y los organismos abogan por las leyes del casco. En primer lugar, cuando se obliga a la gente a usar el casco se traslada la responsabilidad a los ciclistas y se absuelve a los gobiernos de la necesidad de construir una mejor infraestructura para el ciclismo.  En países como Holanda o Dinamarca, dónde montones y montones de personas circulan en bicicleta, ver a un ciclista con casco es casi tan raro como a un conductor de coche con casco en España. Y sin embargo, parece que les va bastante bien, tal vez porque tienen buenas infraestructuras para las numerosas bicicletas que circulan por sus vías, y lo más importante que ellos aún se suscriben a la idea de que la persona que opera la máquina gigante en la vía pública tiene que ser la responsable de no matar a la gente que transita por ella.  

Tu formación universitaria está relacionada con la Historia del Arte. ¿Qué te llevó a dar un giro tan radical para llegar a lo que te dedicas ahora?
Realmente llevo ligada a la seguridad vial la mayor parte de mi vida, ya que mi padre se lleva dedicando a la señalización más de la mitad de la suya. Es mi pasión y lo llevo en las venas, aunque siempre me atraerá el estudio del arte, adoro la investigación y en ella encontré el respeto y el amor a mi profesión. A mi padre le agradezco el enseñarme que se puede vivir de nuestra hermosa profesión, aún cuando hay días en que uno quiere tirar la toalla, e inculcarme su amor por ella aún cuando yo ni siquiera sabía que lo tenía.  

La red te ha dado a conocer. Cuentas con un blog y Aluana cuenta con una web muy completa. ¿Estamos ante una moda o el entorno digital 2.0 ha venido para instalarse definitivamente?
Si no estás en Internet, no existes. Se necesita tener presencia en el nuevo y en el existente  mercado y darse a conocer sin necesidad de desplazarse. El entorno digital 2.0 llegó para instalarse definitivamente, como herramienta de aprendizaje, crea interacción, que permite el intercambio de conocimientos, el acceso al pre-conocimiento, y genera y almacena nuevos conocimientos. Los medios sociales son un canal de comunicación cada vez más importante para las empresas, autónomos y particulares, ya que permiten crear, compartir o intercambiar información, intereses profesionales, ideas, y fotos o vídeos en comunidades virtuales y redes, siendo un componente clave en el tratamiento y la mejora de los problemas de comunicación.

Perteneces a priori a dos mundos profesionales muy diferentes, el de la judicatura y el de la señalización de carreteras. ¿Qué semejanzas y qué diferencias encuentras en ellos?
La formación en materia de investigación y reconstrucción de accidentes de tráfico no está encajada dentro de ninguna especialidad. Hay profesores en las Politécnicas que se refieren a ella en asignaturas cómo la “Movilidad”, la “Seguridad Industrial”, “Transportes” ó “Prevención de riesgos laborales”; poco a poco, se va introduciendo paralelamente en la integración de la “Seguridad”, y esporádicamente de la “Calidad”, en los diferentes campos de la docencia técnica. Es inevitable un nexo de unión de estas materias con la seguridad vial, y para mí ser Técnico en Conservación y Explotación de Carreteras se convirtió en la base sólida para desarrollar numerosos ámbitos dentro de la investigación y reconstrucción. Respecto al mundo de la judicatura, reservado directamente a jueces y abogados, aporto mi especialización emitiendo informes que ayuden a los jueces a impartir justicia ante posibles delitos viales, determinando las responsabilidades penales si las hubiera. Considero que nuestra labor es indispensable en el sistema jurídico actual.  

Miryam, ¿conducimos mal en España?
La mayoría de las personas son conscientes de los peligros al volante, pero están acostumbrados a compartir estos riesgos, en lugar de tomar la responsabilidad individual por su propia conducta negligente. Muchos de nosotros hemos tenido la experiencia de no seguir la ley por ir un poco por encima del límite de velocidad o no parar ante una señal de STOP, así que hay esta tendencia a desviar nuestra propia culpabilidad, y eso ha sido institucionalizada por cosas como leyes sin culpa y seguro de automóvil, donde todos compartimos el coste por el hecho de asumir que la conducción es un acto peligroso. El eterno problema para nosotros, como cultura, es reconocer que estas lesiones son a la vez predecibles y prevenibles. El público todavía no ha llegado al pensamiento de que los accidentes de vehículos de motor son algo más que "accidentes". Y mientras la sociedad crea que son accidentes o actos del destino, entonces se puede hacer poco para evitarlos.
Cada año, más de 1,2 millones de personas mueren en accidentes de tráfico en todo el mundo, sin embargo hay una diferencia importante entre nuestra respuesta a las guerras extranjeras, la crisis del Ébola, o los ataques terroristas de todo lo que inflige menos muertes que los siniestros viales y no hay ninguna protesta pública generalizada o un monumento gigante para los muertos. Nos preocupamos acerca de las drogas, la inseguridad debido a armas de fuego y un largo etc,  pero no enseñamos a los niños a tratar a los coches como las armas cargadas que son.
Si a la insuficiente educación vial, sumamos los problemas diarios y la escasa cortesía, el no respetar la distancia de seguridad, especialmente los camiones, provoca muchas lesiones y muertes graves. Conducir es un privilegio y debe ser honrado como tal. Al ponerse al volante, respeta a los demás como te gustaría ser respetado. Datos aparte, no se puede negar que el atractivo de la carretera es innegable y probablemente eterno.

¿El momento más duro al que has tenido que enfrentarte profesionalmente?
Momentos duros hay muchos, sobretodo cuando pierden la vida niños o jóvenes en siniestros que podrían haber sido evitados, simplemente si se hubieran cumplido las normas. Cómo ejemplo y contando en todo momento con la autorización de difundir el caso, uno de los que actualmente más me llama la atención es en el que perdió la vida Carlos Ruíz Moya, un joven rondeño de 24 años, con el cual comparto apellido. Las versiones sobre qué ocurrió en el punto kilométrico 36,350 están enfrentadas. La Guardia Civil de Tráfico aseguró en su informe que el joven fallecido realizó un «adelantamiento», pero no identifican al vehículo que el joven pretendía adelantar en una carretera recta, con línea discontinua y circulando a 85km/h. Durante la inspección ocular del Audi que es el otro vehículo implicado, la cual efectuó el equipo de atestados de la Guardia Civil, los agentes constataron que "el velocímetro quedó fijado en una velocidad de 217 kilómetros por hora, así como el indicador de cuenta revoluciones fijado marcando 4.900 revoluciones por minuto"según consta en documentación citadas en prensa. Los agentes también subrayan que dos testigos del accidente han manifestado que el Audi implicado en el siniestro "les adelantó a gran velocidad", circunstancia que sumada a la velocidad que marca el cuenta kilómetros y a la trayectoria que siguió el automóvil tras la colisión, hace apreciar a los investigadores que existen "indicios racionales" de que este automóvil pudiera circular "a una velocidad elevada" de la que se derivaría "responsabilidad penal".  Posteriormente concluyen que el conductor implicado en el siniestro circulaba a 179 kilómetros por hora, en vez de a 180, y se acuerda desestimar el recurso de apelación y que se «acomode» el proceso a un juicio de faltas, pues la autoridad judicial entiende que, aunque sea por un solo kilómetro, queda descartada la comisión de un delito por imprudencia grave o uno contra la seguridad del tráfico. Ante esto datos bastante curiosos, ya que si un velocímetro queda fijado en 217km/h en el impacto es poco posible que ese mismo vehículo circule a 179km/h. Recabando información del lugar, encuentro las fotografías del mismo tras el siniestro. La versión oficial que es publicada en prensa, sitúa al vehículo de Carlos invadiendo parte del carril contrario tras iniciar un adelantamiento que le lleva a colisionar con el otro vehículo implicado. Las evidencias que encuentro en esas fotografías, muestran claramente cómo el vehículo invade el carril por el que circula el joven, las huellas de los neumáticos que deja son las evidencias físicas de cómo ocurrió la trágica colisión.

Aggregatte...¿que te sugiere?  
Sostenibilidad, desarrollo, inspiración, mantener el contacto con los numerosos profesionales de la materia, y sobre todo un gran potencial para la educación en general, ayudando tanto en la etapa de formación como en el futuro profesional, no sólo porque la gran mayoría de las empresas manejan éstas aplicaciones como parte de su difusión, sino porque también abre el abanico de posibilidades para la formación continua.  

Un consejo para todos los conductores...
“Un poco de cortesía en el camino crea  el camino hacia la seguridad” No conduzca como si fuera el dueño de la carretera. No haga suposiciones acerca de lo que otros conductores van a hacer, y tenga cuidado con los conductores agresivos, manteniéndose fuera de su camino. Ellos son la causa de muchos accidentes, sobre todo en las autopistas. Obedezca los límites de velocidad. Ir demasiado rápido da menos tiempo para detenerse o reaccionar. El exceso de velocidad es una de las principales causas de siniestros. Y por supuesto, nada de alcohol ni drogas. Al final ha sido más de uno … jjj  

Y una cita célebre para finalizar  
“La actitud es una pequeña cosa que hace una gran diferencia”, Winston Churchill.

Así es Myriam Moya, Premio 2015 de Seguridad y Salud 2.0 Aggregatte, quien día a día nos ilustra con su experiencia en el mundo de la seguridad vial, asesorando y formando a la comunidad de nuestra red.