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Oreto Anyó Martínez

Unos científicos están construyendo un ordenador hecho de algas para que se alimente con la fotosíntesis

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Las utilizamos en la agricultura, la cocina, a modo de filtros biológicos capaces de mitigar las emisiones de CO2 e incluso para elaborar cosméticos y ropa deportiva. A lo largo de los años hemos sabido sacar buen provecho de las algas, pero quizás podamos hacerlo todavía más. Y de una forma y en un campo insospechados: generando energía para el Internet de las cosas (IoT).