María de la Red García

Cómo las gárgolas y pináculos salvaron la arquitectura gótica

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Las catedrales, ya seas una persona de fe o un convencido ateo, tienen ese je ne sais quoi que hace que nos encojamos ante su presencia cuando estamos dentro, admiremos sus columnas y nos preguntemos cómo es posible que todas esas toneladas de piedras apiladas unas sobre otras no se nos vengan abajo y nos conviertan en papilla de humano.